miércoles, 11 de julio de 2012

Día 54 El personaje que envidia a los hombres

Desde que era muy pequeña envidiaba a los hombres de mi entorno porque podían hacer cosas intrépidas como caminar por el filo de una azotea, jugar futbool, irse de aventura, no hacer quehacer en la casa, salir hacer los mandados, andar en la calle, salir en las noches, estar en las esquinas con sus "cuates" hasta altas horas de la noche "cotorreando".

Recuerdo a mi madre diciéndome que yo era una "marimacha", no recuerdo porque, quizá al desplegar mucha energía física corriendo o justamente jugando fútbol, o algo parecido. Lo sentí como un insulto, algo "malo". 

Yo envidiaba a uno de mis hermanos que viajaba de aventura de cuando en cuando  con sus amigos y para mi eso a los 14 años de edad me parecía imposible, yo en cambio tenia que hacer los quehaceres de la casa, y conformarme con dar paseos cortos con mis amigas. Mi máxima aventura era ponerme mis tenis de hombre, mis pantalones de mezclilla y mi chamarra y salir a hurtadillas en la noche rápidamente al parque a ver si se se presentaba alguna aventura que me sacara de la rutina y del ostracismo pero nunca pasaba realmente nada. 

Envidiaba la libertad de acción de los hombres, incluso cuando tuve a mi hijo que era pequeño y yo lo tenía que cuidar y quedarme en casa atendiendo las labores del hogar, mientras que  mi pareja podía ir y venir, y estudiar y aprender cosas e irse a jugar, etc. No me parecía justo, en aquel entonces era muy joven y no sabía expresar lo que sentía pero me llenaba de resentimiento.

Y la envidia por la "libertad" de la cual gozaban los hombres casi en cualquier ámbito respecto de las mujeres, incluso en las relaciones  como por ejemplo andar con muchas mujeres, seguir o continuar siendo conquistadores, seductores, etc. a pesar de tener una pareja e hijos, etc.,  se convirtió en resentimiento hacia ellos. 

Me perdono a mi misma por haber aceptado y permitido mantener/alimentar en secreto el sentimiento de la envidia  hacia los hombres por aspirar a ser como ellos y verme limitada en mi condición de mujer que tiene que seguir ciertos códigos de conducta y que socialmente (por lo menos en mi época) semejarse a los hombres era mal visto y juzgado.

Me perdono a mi misma por haber aceptado y permitido convertir mi envidia hacia los hombres en resentimiento y en un malestar permanente por las "libertades" de las cuales ellos podía gozar y yo no.

Me perdono a mi misma por haber aceptado y permitido competir interna y secretamente con los hombres alimentando dentro de mi el sentimiento de la competencia y el de no dejarme manipular por ellos, peleando y compitiendo, y frustandome por no poder alcanzar esos estándares de "libertad" debido a mi limitación para alejarme mucho de casa cuando era niña/adolescente o cuando tenia que quedarme en casa los fines de semana (pues trabaja entre semana) cuidando a mi hijo cuando ya fui mamá, mientras que mi pareja salía a sus asuntos.

Me perdono a mi misma por haber aceptado  y permitido no darme cuenta que tanto hombres como mujeres estamos limitados por la misma programación que nos mantiene en un estado de automatización y esclavitud que nos iguala en ese sentido. Mientras nos hemos permitido y aceptado mantenernos en el engaño de ser distintos y alimentar con ello el sistema de conciencia mental y la polaridad que nos ha mantenido en un estado de abuso permanente que se expresa como guerra/competencia/esclavitud constantes por  envidiarnos mutuamente. 

Me perdono a mi misma por haber aceptado y permitido caer en la percepción de que hombres y mujeres somos distintos y crear con ello la polaridad de hombre/mujer, ying/yang, luz/oscuridad, etc. y establecer con ello la desigualdad, la incomunicación, la violencia de género, la violencia de unos contra otros, el resentimiento, la envidia, la comparación, la competencia, y todos los demás comportamientos que de ello se derivan y que han mantenido a la humanidad entera en un estado de esclavitud de la mente, pues los primeros signos de desigualdad que se establecieron fue entre el diseño del hombre y el diseño de la mujer, fricción que se ha perpetuado y extendido como polaridad a todos los ámbitos de la vida por los siglos de los siglos sin poder levantarnos aún como uno e igual  en favor de la vida.

Me perdono a mi misma por haber permitido y aceptado establecer puntos de comparación entre mis hermanos/vecinos/parejas/jefes/amigos y yo percibiendome  inferior al modelo/diseño masculino y aspirar a tener los privilegios/libertades y abusos en lo físico (fumar/drogarme/beber vino por ejemplo, o tener sexo libre) para semejarme a ellos y hacerme creer que estaba viviendo en un estado de libertad, sin compromiso y sin responsabilidad. 

Me comprometo a mi misma a establecerme a mi misma como  la igualdad con todo y todos en esta Tierra y en las interdimensiones, como uno mismo sin crear fricción a través de puntos de comparación que crean polaridad y más polaridad, pues todo lo que existe en la Tierra y en las interdimensiones  se esta levantando como uno e igual por la vida,  regresando a la sustancia de vida que solo es. 

Me comprometo a mostrarme a mi misma y a los demás que la igualdad empieza cuando hombres y mujeres ya no se identifican con sus características físicas y sociales como mente para separarse a ellos mismos de la vida polarizando y energizando los sistemas de consciencia mental al validar la creencia/percepción de nuestra supuesta separación como hombres/mujeres pues en ambos yace la sustancia de vida que tiene que ser  despertada y honrada para convertirnos en lo que siempre hemos sido UNO e IGUAL con la vida como uno mismo y así honrar por primera vez a la vida en esta Tierra, para parar todo abuso y violación y pararnos por la vida conjuntamente en unicidad e igualdad. 

1 comentario:

El camino a la vida de una artista dijo...

Gracias María por compartir!! Veo que es un punto que también he tenido muy prominente, creando celos, comparación y frustración, no teniendo en cuenta la vida ni mi cuerpo, qué bueno caminar la deprogramación.